fabian | 24 Novembre, 2004 20:29

Mitsumasa Anno, nacido en 1926 en el Japón, realizó los estudios de Maestro. Y trabajó en una escuela de Primaria durante diez años. Como dibujaba y pintaba muy bien, se lanzó a trabajar como ilustrador de libros.
Espíritu inquieto, quiso conocer parte del mundo. Viajó por Europa y por Estados Unidos de Norteamérica. Como resultado de esos viajes, publicó unos libros en los que únicamente presenta sus ilustraciones, sin texto. Editorial Juventud los ha publicado en cuatro bellísimos tomos y, en su página web nos invita a verlos.
En 1984, concedieron a Mitsumasa Anno el Premio Andersen de Ilustración. La Editorial Juventud añade unos comentarios de este ilustrador, que, junto a sus preciosos dibujos, me han llamado la atención.
En sus viajes, a Mitsumasa Anno le han preguntado en más de una ocasión: "¿Cómo es que usted, un japonés, puede comprender la Europa en los días dorados, cuando aún no había coches en las calles?" Anno responde contando la anécdota de la ceremonia de boda a la que asistió cerca de Füssen, en la Alemania Occidental: "Identifiqué fácilmente a la novia, al novio y a sus padres, así como a la madrina y al padrino de boda. Reconocí enseguida a la madre de la novia porque se estaba secando las lágrimas. Aunque la lengua, las letras y las costumbres difieren en Europa de las de Japón, no hay ninguna diferencia en nuestros corazones cuando vertimos lágrimas al separarnos. ¡Qué pequeñas se ven entonces las diferencias de las formas! Las leyes físicas y naturales son universales, así como los modos de vida de las plantas y los animales en el mundo entero. Entre todos nosotros hay muchas más cosas comunes que diferentes. Viendo un día ponerse el sol en Europa, recordé que solo hay un sol en el mundo y que es el mismo, no importa desde donde lo veamos. Aunque es difícil para mí entender los idiomas europeos, entiendo los corazones europeos.
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En una frase que me ha llamado mucho la atención y que por ella escribo este artículo, Mitsumasa Anno habla del esfuerzo. Justamente cuando el viaje me resultaba duro, era entonces cuando obtenía la recompensa.. Sus palabras son muy interesantes ya que nos dice que en esos momentos de cansancio era cuando encontraba lo importante. Pero mejor leer sus propias palabras.
Seguí el camino sin mirar adonde me conducía: colinas arriba y colinas abajo, a través de ríos y de campos que se convertían en inmensos espacios abiertos... por doquier hallé bosques y corrientes; en los bosques había ciervos y en los ríos nadaban truchas. Al final del camino siempre había un grupo de casas formando un pueblo, y en cada pueblo había calles que llevaban desde los comercios hasta las plazas y plazoletas, a través de camposantos y jardines, hasta iglesias y catedrales. Una ciudad tenía un castillo en medio, y otro castillo formaba por sí solo una ciudad. Todo ello me proporcionó una imagen del país, y cada cosa reflejaba la vida de aquella ciudad, de aquellas tierras. Fui de ciudad en ciudad, de un país a otro, y a veces el viaje me resultaba duro, pero era justamente entonces cuando obtenía la recompensa. Cuando un hombre pierde su camino, con frecuencia se encuentra a sí mismo o descubre algún inesperado tesoro. Al término de mi viaje, me di cuenta de que no había salido en busca de información, sino para extraviarme... y conocer el mundo que vosotros conoceréis en este libro.
Hermosos libros los que nos presenta la Editorial Juventud sobre este interesante ilustrador. Y web muy interesante la de esta editorial.
cELIA | 25/01/2006, 20:05
Mónica | 06/06/2006, 10:36
Institut de Educació Secundària c/ Salvador Dalí, 13 Palma de Mallorca
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Ilustraciones Anno
Celia Matarranz Postigo | 18/10/2005, 10:46