fabian | 10 Setembre, 2004 20:19

La Catedral de Palma es siempre una obra sin acabar. En ella se ha trabajado desde el siglo XIV. Gaudí, hace un siglo realizó algunas reformas como quitar el coro que se encontraba en medio de la nave central y situarlo alrededor del altar mayor, que también decoró.
Ahora es Miquel Barceló, pintor y ceramista famoso, quien se encarga de decorar una de las capillas laterales. Miquel Barceló, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, es joven. Nacido en Mallorca en 1957. Y, cómo no, las primeras muestras de esta obra llama la atención y escandaliza a algunos, mientras que otros muchos preferimos no comentar aunque no la entendamos.
¿Verdad que es una historia conocida desde que empezó el arte no figurativo (abstracto)?
El proyecto para la intervención de Miquel Barceló en la Catedral de Palma se centra en la Capilla de San Pedro, construida en 1350.
La idea es recubrir toda la capilla con terracota y decorarla con motivos relacionados con el Capítulo sexto del Evangelio de San Juan: la multiplicación de los panes y los peces.
Miquel Barceló se fue a Nápoles a un taller de Vietri sul Mare, una región con una larga tradición ceramista. Allá ha trabajado intensamente con Vincenzo Santoriello, que ha sido capaz de solucionar los retos de manipulación, cocción, traslado y posterior montaje de un mural cerámico de 300 metros cuadrados.
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Las cerámicas ya están en Palma y, tras realizarse un primer montaje, se han repartido a los medios unas imágenes puesto que la capilla está cerrada al público y cubierta de tal modo que no puede verse nada de su interior.
Miquel Barceló ha de diseñar y crear también todo el mobiliario de la capilla (altar, candelabros, etc.), así como los cinco vitrales de doce metros de altura que se construirán en los talleres de Dominique Fleury en Toulouse (Francia).
Pero, además, Miquel Barceló ha de construir diez gárgolas para el exterior de la Catedral que sustituirán a las que ya están rotas.
En octubre del 2003, al darle el Premio a las Artes en el Principado de Asturias, Miquel Barceló realizó un interesante discurso en la Universidad de Oviedo que recogí y publiqué en la web del instituto:
Así, nos encontramos el arte convertido en espectáculo, en entertainment casi generalizado, con museos que se parecen cada vez más los unos a los otros en continente y en contenido, como Eurodisney y Disneylandia, como en esas absurdas cadenas en las que uno come lo mismo en el mismo decorado en Minessotta, en Varsovia o en Lyon.
A mí me gustan más las obras de arte que la historia del arte. La historia del arte la fabrican, o deberían fabricarla, los artistas con sus imposturas, como ese pequeño juego genealógico del que escribía al principio, cuya consecuencia no es sólo rodearme de buenas compañías sino comprobar que Masaccio o el maestro de la Virgen albina no son episodios remotos de un pasado perdido sino mis contemporáneos, movidos por los mismos afanes y las mismas ansias. El arte como metáfora permanentemente móvil y cambiante del Universo, una visión global del mundo, una pintura que establezca relaciones con el mundo, no ya representándolo, una visión en profundidad ante las estandarizadas miradas superficiales. Esto lo dice alguien que siente un profundo amor por la superficie de las cosas, aunque en mi pintura acaben siempre destripadas, abiertas, desgarradas, enseñando sus entrañas.
El arte no es un reflejo de la vida, sino una forma de vida y una bien extraña forma de vida. Pienso en una pintura que suceda con la misma elegancia cruel que la naturaleza, sin jerarquías ni explicaciones. Podríamos decir, como nuestros mayores, que se aprende a pintar observando la naturaleza. Tal vez por eso de mayor tuve que ir a pintar hasta Gaba, al borde del río Níger, a temperaturas extremas, no sólo para escapar a la obscena vacuidad occidental, también para retomar contacto con la tierra. Aunque África inmediatamente me remitió al mundo salvaje, sucio y feliz de mi infancia.
[...]La técnica progresa posiblemente, y el deporte tal vez, y la ciencia... la historia del arte progresa sólo si creemos lo que ponen los libros de historia del arte. Pero las obras de arte son ajenas a toda idea de progreso. Son frutos del espíritu. De Altamira a la antigua China, a nuestra atribulada y temerosa Europa, a través de los siglos y a través de los conflictos, se muestran como productos de un afán de trascendencia. Van más allá de las miserias y nos conciernen personalmente ahora y siempre.
francec | 12/12/2005, 07:44
fasim | 02/08/2006, 15:07
Institut de Educació Secundària c/ Salvador Dalí, 13 Palma de Mallorca
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Art | 28/11/2005, 12:57