fabian | 01 Octubre, 2004 20:15

Bebamos alegremente de este vaso
resplandeciente de belleza
y que la hora efímera
se embriague de deleite.
Bebamos con el dulce estremecimiento
que el amor despierta
puesto que estos bellos ojos (indicando a Violeta)
nos atraviesan el corazón.
Una noche de septiembre de 1844, Alejandro Dumas (1824 - 1895), el hijo del famoso escritor autor de Los Tres Mosqueteros, acudió, como ya había hecho otras noches, a un teatro de París.
Sus veinte años de edad le hacían interesarse más por las damas que no por las obras que se representaban.
Lo atrajo una mujer en especial: Marie Duplessis. Era alta y muy esbelta, de pelo negro y complexión blanca y rosa, Su cabeza era pequeña, de ojos alargados que tenían el aspecto de porcelana de las mujeres de Japón. Pero había en ellos algo que indicaba una naturaleza orgullosa y vital... Podía ser una figurilla de Dresden. Marie era la cortesana más afamada de la época. Al final del espectáculo, Dumas y su amigo fueron invitados a casa de una amiga de Marie, que estaba casualmente junto a la de Marie en el elegante boulevard de la Madeleine.
VIOLETTA |
VIOLETA |
Marie esa noche sirvió una cena con champaña a estos tres invitados. Pero al final de la cena sufrió un acceso de tos y tuvo que salir de la estancia. Dumas fue tras ella y la encontró desmayada en un sofá. En el agua de un recipiente de plata había sangre. "¿Sufres?", le preguntó el joven. "Muy poco. Ya estoy acostumbrada a esta clase de cosas", le respondió la hermosa mujer. "Te estás matando", le dijo el joven. "¿Por qué de pronto esta devoción? ¿Estás enamorado de mí?", quiso saber ella, interrogándole con obsesión hasta acorralarlo. Cuando él titubeó, ella le exigió una declaración, pero le previno de dos consecuencias: "Puede ser que te rechace, en cuyo caso te sentirás agraviado por mí; pero puede ser que te acepte, y te verás con una amante abatida, con una mujer nerviosa, enferma y melancólica, cuya alegría te parecerá aun más triste que su dolor." El encuentro de Alejandro Dumas y Marie Duplessis tuvo lugar a principios del otoño de 1844 y fue seguido por un breve y agridulce romance, pero el argumento pertenece a una novela que Dumas publicó cuatro años después, La dama de las camelias.
TUTTI |
TODOS |
Paseos diurnos en carruaje, asistir por la noche a la ópera o al teatro, ofrecer deslumbrantes fiestas y tener encuentros románticos con hombres deseosos de contribuir a su manutención: tal era la vida de una cortesana. Los servicios de Marie llegaron a ser tan bien pagados que se decía que gastaba 100 000 francos de oro al año. Su ropa era elegantísima y se rodeaba de flores. Pero el aroma de las rosas mareaba a Marie, por lo que usaba camelias, sin olor, y llenó su casa con las delicadas flores hasta que un observador comentó: "Era prisionera en una fortaleza de camelias."
Marie leía y discutía todos los libros de su biblioteca con sus múltiples amigos, además de ser reconocida como una consumada pianista. Ella admitía que su único defecto era decir mentiras. Pero disculpaba alegremente esto, afirmando: "Las mentiras conservan blancos los dientes."
[...]Esbelta y pálida, Marie era una belleza etérea. Pero también era enfermiza y temía que su vida sería corta. Tras meses de un tórrido romance que lo dejó muy endeudado, Dumas se alejó de Marie, aunque ella le ofreció ser su amiga en lugar de amante. El 30 de agosto de 1845, él le escribió para dar fin a la relación que le había provocado tantos problemas: "No soy lo bastante rico para amarte como quisiera, ni tan pobre como para que me ames como quisieras... Tu corazón es muy grande para no entender esta carta y tu inteligencia demasiada para no perdonarme."
[...]Cuando Dumas la dejó, Marie Duplessis se relacionó con el compositor Franz Liszt. Luego, a principios de 1846, aceptó una sorpresiva oferta matrimonial del conde de Perregaux. El 21 de febrero se casaron en Londres. Hubo quien sugirió que el conde solamente se apiadó de Marie, pues ella estaba sucumbiendo al agotamiento o a la tuberculosis. Se separaron poco después de volver a París y Marie quedó sola, ya sin la energía para participar en los eventos sociales y forzada a vender propiedades para alejar a sus acreedores. Instaló un reclinatorio en su habitación para sus oraciones privadas y finalmente pidió a un clérigo que le aplicara los santos óleos. El fin de la cortesana de 23 años llegó súbita e inevitablemente el 3 de febrero de 1847.
Giuseppe Verdi (1813 - 1901), de biografía apasionante, recogió la historia en La Traviata, cuyo significado es La perdida, la descarriada y nos la explicó con música.
Este brindis que realiza Alfredo lo presenta en ritmo de vals: un, dos, tres; un, dos, tres ..., acentuando el uno. Como en Viena, capital del Imperio Austro - húngaro, era el ritmo de la alegría, de los momentos felices de la emperatriz Sissí ...
No tardó mucho en caer ese imperio y este bonito y alegre ritmo se descompuso en La Valse de Debussy. Pero esto ya es otra historia. Ahora estamos en los momentos felices: y que la hora efímera se embriague de deleite.
ALFREDO |
ALFREDO |
Antoni Ramis Caldentey | 19/10/2004, 23:31
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La Traviata en clase
Marga López | 05/10/2004, 20:11