amanecer en Mongolia
dandan | 01 Mayo, 2006 23:54 | Share and Enjoy:

Bueno, bueno, vengo impresionado de estos dias que he pasado en el campamento mongol que ha montado Begoña en la Cerdanya. Fue una idea de Dani ir allí (él ya había estado con Carrie hace unas semanas), y para allí fuimos el sábado. El sitio es brutal, rodeado de montañas todavía nevadas y con un montón de espacio hacia dondequiera que mirases, y el campamento está muy bien montado (nada que ver con un parque temático Mongolia-en-la-Cerdanya). Begoña es encantadora y aquello es su casa y su sueño. Nos contó la epopeya de traer las tiendas desde Mongolia y el esfuerzo de conseguir hacerlo rentable. Lo mejor es que consigue que te encuentres como en tu casa. Suena un poco trillado, pero es verdad.
Desde hace apenas una semana tiene una familia de Mongolia que le ayuda a llevarlo, Zigi, su mujer y sus dos hijos pequeños (que se pasan el dia jugando con los perros). Con Zigi tuve una conversación estratosférica. Se vino a fumar un rato junto a mi tienda y empezamos a hablar de Mongolia, pero resulta que él solo habla mongol y un poco de ruso, asi que la conversación fue un ejercicio de imaginación y muchos recursos, y cada vez que nos entendíamos hacíamos sonar las campanas. Pero el caso es que estuvimos hablando un buen rato y me explicó muchas cosas de Mongolia. A mi siempre me han interesado las culturas de Asia (China, my China), pero de Mongolia no tenía mucha información, y he vuelto superpuesto. Cursillo intensivo de Mongolia en la Cerdanya. Suena curioso, ¿no?
Lo mas impresionante de Mongolia es que la cultura tradicional es nómada. Son 2.500.000 de mongoles para un territorio dos o tres veces el de España, moviéndose por la estepa en busca de pastos para el ganado con las tiendas a cuestas. Las tiendas son un prodigio de diseño, se montan y desmontan en un momento y aislan del frio y del calor. Es una cultura acostumbrada a los imprevistos y a las decisiones rápidas, una cultura dependiente del entorno y entrenada en sacarle el máximo provecho. Como suele ser habitual en las culturas ganaderas, tienen un enorme respeto por la tierra (las tiendas nunca agujerean el suelo), y mezclan creencias chamánicas con el budismo tibetano.
Estos dias he comprobado algo que ya sabía y tenía medio olvidado: a mi las montañas me suben, me dan subidón. Me he acordado constantemente de los años que pasé en Stillpont, en las Montañas Rocosas de Colorado, porque el escenario era muy similar. Cuando volví de allí decidí vivir en una ciudad y acostumbrarme a eso, y lo he conseguido. Pero cada vez que salgo y me acerco a las montañas noto una atracción magnética, siempre igual. De momento no puedo hacer como Begoña, así que procuro olvidarlo. Por eso no salgo mucho.
y yo sin la cámara...
álvaro | 16/05/2006, 18:17