Publicado en "El Mundo" (de Catalunya)
Domingo 4 de junio de 2006
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¡Viva los novios! o la saudade
No es habitual que una boda se celebre allí donde están enterrados los bisabuelos de los contrayentes. Pero los organizadores atribuyen la ubicación del festejo en el Fossar de las Moreres a un símbolo histórico; deben considerar históricas las declaraciones que allí hizo Xirinacs en 2002.
En el foso ondean siete señeras, cuatro ikurriñas y algunas banderas gallegas cuyo nombre ignoro tanto como el del líder del Benegá. Podría preguntárselo al señor Santiña, al que acabo de abordar, pero prefiero averiguar si la saudade es como la morriña en futurible. Contesta que «algo así, pero más filosófico». Y confirma mis sospechas: los portugueses se han pasado la literatura intentando explicar el «sí, quiero». La saudade es la añoranza por lo que aún está por llegar; representa lo que uno espera conseguir con su matrimonio.
O mejor, con el cuatrimonio. Desde que el PSOE está en el poder, casi cualquier tipo de amor es posible. También el de los cuatro jinetes enamorados de la nación -cada uno de la suya-, que llegan mientras por megafonía suena la versión 'nuriafeliuana' del I say a little prayer for you, la sintonía electoral. Si Burt Bacharach levantara cabeza.
El primero en pronunciar sus votos es Anxo Quintana: «Los nacionalistas no renunciamos a nuestras ideas»; heroica manera de proclamarse testarudo. Llama al PP «Partido Estorbo», pero las siglas no coinciden. Luego le pasa la alianza a su amigo Josu Jon, que utiliza la variante francesa del catalán para enunciar su compromiso. Habla de un «crèuer», que no sé si es un crucero o una forma de creencia, y luego ya pierdo el hilo, porque reza: «Uma nascioe nasciu bai euro eta culture eutal gaiesku». No entiendo nada, pero debe ser por el calor.
Le toca al democratacristiano Duran, la división de cuyo adjetivo se ciñe a su cintura. Hoy está más brillante que nunca, y pregunta: «¿Cómo se puede apostar por el pasado?». No lo sé; quien nos ha convocado en un escenario que fue relevante en 1714 ha sido CiU. De hecho, que su propio lema abra un interrogante -¿1979 o futur?- es una prueba de que los ricos también dudan. Porque, ¿a qué 1979 se refieren? ¿al anterior al boom inmobiliaro? ¿Y de qué futuro hablan? ¿del que está amenazado por el cambio climático?
Soy de la generación que ni vio los billetes de 100 pesetas ni ha tenido en las manos uno de 100 euros. Además, el retrofuturismo está de moda. Por eso no acabo de captar el sentido de estos anuncios. «Aquí hay gente joven», dice Duran. Sí, somos cuatro, pero como periodistas no podemos posicionarnos. Luego recupera los versos de un tipo que vino de muy lejos y se irá más lejos todavía y yo pensaría: «Pura saudade», pero dos chicas que acaban de salir de Santa Maria del Mar se me adelantan: «¡Viva los novios!». Al príncipe Artur los ojos le hacen chirivitas.
Y coge el relevo. El candidato de Zapatero recita a un pariente de Pau Gasol para clamar: «Ha llegado la hora de espolvorear las cenizas». Eso casi suena a holocausto. Después anima a que la gente vote 'sí' con el espíritu de Macià, de Tarradellas y de Pujol. Claro, hoy es Pentecostés, y esperará que la llama divina del nacionalismo se pose sobre las cabezas de los que tengan fe. Que Duran se mantenga desconfiado.
Al final de la ceremonia me doy cuenta de que no hay ni rastro de Toni Castellà. Se estará reponiendo de la fiesta del jueves, cuando solicitaba 'L'Estaca' en un karaoke de la ciudad. Los castellers se han puesto la camisíta de Naranjito y hacen un tres de uno con folre i manilles, o algo parecido. Suena 'Els sígadors'. Está claro que CiU siente una gran nostalgia por el futuro. Ése que dura lo que dura la garantía de un «sí, quiero».
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