fabian | 20 Desembre, 2005 19:51
Desde que existen las dos fiestas de la Inmaculada y de la Constitución, se origina en los centros educativos en los que he trabajado un tiempo que denominaré "tierra de nadie", que no es ni de trabajo serio ni de asueto. Y ocurre en parte porque las calificaciones del primer trimestre ya están puestas y se produce un cierto relajamiento que culmina en esta semana con numerosas salidas escolares.
Ayer todos los grupos con los que tenía clase tuvieron una salida - fueron al cine - y yo aproveché para ir al Ayuntamiento. Mientras estaba en él - menos de media hora -, pasaron por delante del belén que se encuentra en su zaguán unos cinco grupos de escolares. A los pocos segundos salían, se ve que los belenes interesan muy poco a los jóvenes. Sé que, en grupo, no suelen estar muy interesados por casi nada de lo que se les ofrece.
El hecho está en que son días de "medio hacer", ofreciendo actividades alternativas, con multitud de salidas y con un ambiente extraño, diferente al cotidiano. Todos esperamos a que suene el pitido final para dejar el instituto durante unos días.

Midiendo y recogiendo el grano (ver almud y sus medidas)
Así que, en este día en que el Estado de Derecho en España parece desaparecer (tema del CAC y la veracidad juzgada por un tribunal político y no por los jueces), escribo en el Google días de espera con la esperanza de encontrar alguna cita o pensamiento y me encuentro con un mogollón de enlaces (más de 20.000) en los que parece que todo el mundo espera. Esperan los enfermos a que les toque turno para ser atendidos en los hospitales, esperan los compradores a que les llegue el pedido realizado y esperan mucho más quienes han de devolver la compra que no funciona. Así, pues, me doy cuenta de que todos esperamos algo y de que pasamos muchos días de nuestra vida esperando.
Con todo, noto en mí una rara confusión. ¿En verdad espero los días de vacaciones? En principio, el sí parece clarísimo. Entonces me pregunto ¿para qué espero los días vacacionales, para hacer qué? Y aquí es cuando me pierdo, porque aparte de poder levantarme más tarde (lo que no hago), no tengo un plan o propósito definido para estas vacaciones. Y, además, cualquiera fuera el propósito: viajar, leer, etc. un terrible y persistente ¿para qué? encadenaría la respuesta con otra necesidad de repensar la finalidad de esa actividad.
Posiblemente no tenga respuesta suficientemente justificadora del "para qué". Quizás sólo hago las cosas "porque sí", sin más justificación. Probablemente las haga esperando que al hacerlas ocurra algo inesperado e imprevisible que alivie esta espera constante, este hacer por hacer; este pasar los días, meses, estaciones, esperando siempre al siguiente, sólo por llegar y volver a esperar que pase en una cadena continua pero no eterna día a día más corta y limitada.
La cadena se hace ilógica y sólo parece coherente su final, la muerte, simplemente por el hecho de darle fin.
Aunque quizás haya otro punto de vista ...
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