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¿Qué gira en un vals?

fabian | 18 Novembre, 2005 18:53

Un vals para un viernes. ¿Por qué para un viernes? Por nada, ¿un viernes no es como esperar una fiesta?; pues en las fiestas se baila un vals.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
         ¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

En una de mis vidas tuve un esmoquing, negro y de solapas brillantes. Asistí a una fiesta en un lujoso hotel. La sala era magnífica y tocaban un vals. Eran alemanes, parejas de mediana edad. Las parejas giraban sobre sí mismas y todas ellas trazaban una figura sobre la pista. Era un ocho. Se cruzaban dos veces en cada vuelta. La curvada fila se enlentecía en los tramos curvos y las parejas se cruzaban velozmente en el nudo. Yo era un niño con un esmoquing y me admiraba de que los alemanes supieran bailar tan bien y conjuntadamente.

A dónde llevará esa leve brisa,
a qué jardín con luna esa sumisa
corriente
que gira de repente
desatando en sus vueltas
doradas cabelleras, ahora sueltas,
borrosas, imprecisas
en el río de música y metralla
que es un vals cuando estalla
sus trompetas.

Suave vals. Nino Rota compuso varios. Quizás el de "El Padrino" es uno de los más célebres. Tras el giro de los danzantes, una cámara realiza el travelling circular. Ya no es la pareja quien gira, sino el mundo. Todo el mundo, incluso el que se halla más allá del horizonte gira en torno a los danzantes. Estos, inamovibles, muestran una cortesana sonrisa mientras sus miradas delatan sus ambiciones y durezas. Gira el mundo. ¿Recuerdas a Lara del Doctor Zhivago o tantos otros valses de películas?

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
         ¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura

Hay valses que huelen a hierba fresca, ¡y no sólo de los Alpes! Otros parece que esconden en una tonada sencilla y humilde los escandalosos silencios de Sicilia. Otros, impelen al salto más que al giro, como si fueran polkas traicionadas. No, los valses han de girar, girar incesantemente, escondiendo en su centro ya la risa inocente del divertimento circular, ya el secreto traicionero que ata como el torbellino a la pareja danzante.

Los pianos golpean con sus colas
enjambres de violines y de violas.
Es el vals de las solas
y solteras,
el vals de las muchachas casaderas,
que arrebata por rachas
su corazón raído de muchachas
.

Vacía la cabeza al son de este vals, he escrito en el Google "vals poema" y una larga lista ha aparecido. He seleccionado dos.
La pareja danzante ha sido:

  • A la izquierda, de Federico García Lorca, unos fragmentos desordenados de su poema Pequeño Vals vienés.
  • A la derecha, de Ángel González, también fragmentos desordenados de Vals de aterdecer.

La música ha sido: Vals Ai Laghi (de la película "Rocco y sus hermanos"), compuesta por Nino Rotta.
Fin

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