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Sin sombras

fabian | 28 Febrer, 2006 17:18

Aunque no llovía, el cielo estaba muy nublado y el ambiente húmedo y frío. Pero tras varios días de lluvia, Margarita y yo hemos dado una vuelta por la ciudad.

Ha sido al regresar cuando me he dado cuenta y le he dicho a Margarita: "Busca la sombra". Ella me ha contestado con un "¿Qué?" de no entender lo que le decía. En la vida normal Margarita me adivina el pensamiento, pero algunos temas míos escapan a la normalidad. "¿Dónde están las sombras?", he dicho, "Hoy las sombras no son visibles".

sin sombras

Y era verdad, los cuerpos no daban sombra o era tan poco perceptible que sólo la fe en su existencia te permitía visualizar una difuminada tonalidad que no era ni gris pálido. Ello, claro, habiendo mirado al nuboso cielo e intuyendo que tras esa pequeña luminosidad estaría el sol; lo cual te ofrecía cierta orientación para descubrir la localización de la sombra.

La Biblia dice que primero eran las tinieblas y que, a través de ellas, la luz se abrió paso. Primero la oscuridad, la noche, la ignorancia; luego, abriéndose paso, la luz, el día, ¿la sabiduria? (bueno, la sabiduría aún no, antes el saber, el conocer cosillas. La sabiduría llega - me dicen - tras haber hecho carne algunos pocos saberes y olvidado muchos otros; pero, en fin, no quería tratar este tema sino el de la ausencia de sombras).

La luz suele provenir de un foco y, en tal caso, produce una sombra obscura, negra y bien definida. Si hay varios focos, cada uno de ellos produce una sombra y la dificultad se encuentra en las zonas de intersección. En tal caso las figuras presentan un aspecto extraño, poco habitual, producido por el cruce de luces y sombras. Éstas son necesarias pues son las que, a unos ojos habituados - que son todos los ojos, humanos y animales - dan lugar a que las mentes hagan creer que existen relieves, profundidades varias, prominencias... Ahora bien, cuando la luz llega tan difuminada que parece que cuanto nos rodea está poblado de miríadas de luces provenientes de todas las direcciones, el caótico mundo de las sombras parece desaparecer y deja unas figuras casi planas, sin relieves. Sólo se conservan éstos porque la luz proveniente de la dirección solar tiene una pequeña diferencia de intensidad, pero tan pequeña que la sombra proyectada no llega a tener color sino una suave tonalidad que permite observar el relieve pero que no llega a producir la grisácea sombra.

¿A qué viene todo esto? Sólo a que en un momento del paseo le he dicho a Margarita "Busca la sombra" y ella, con cara de extrañada, sin entender de qué le hablaba, me ha dicho ese "¿Qué?" de extrañeza, de no entender. Y era verdad que las sombras apenas eran visibles, aunque pocos segundos después las nubes han dejado pasar un poco más la luz (o la luz ha empujdo a las nubes para abrirse paso) y la situación normal de vida entre luz y oscuridad se ha restablecido y todas las figuras hemos proyectado sabiamente nuestras sombras sobre los grises de la calzada.

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